Cuánto te apuesto

Cuánto te apuesto a que lo que quiere empezar bien termina mal, y no es por mi ánimo, es mi tendencia natural. No sé cómo ni de dónde viene eso, pero es así. Quiero terminar con este blog. No sé bien por qué, quizá haya sido el post anterior, cada vez que escribo algo sobre la maga  Mirta Colángelo cierro el blog que estoy escribiendo. Es como si La Maga me removiera algo, que muy silenciosamente guardo y púmbale, las estanterías caen, el telón cae, y quedo al descubierto frente al espejo, traspaso la puerta y me veo, estúpidamente escribiendo un blog, y pienso en todo lo que debo hacer todavía. Entonces calculo con mi cerebro matemático, actúo con mi cerebro enfermero y me digo a mí misma: se acabó. Este blog se terminó. Así me quito algo de encima. No es que me pese escribir un blog, para nada, ni que deba ocuparme de él diariamente-como pensaba cuando recién empecé a escribir el primero en el año 2005- para nada. Simplemente que no quiero dispersión. Es como trazar un punto de fuga y luego ponerle una cota, pero no de las geométricas, una cota a un punto de fuga de energía, para hacer lo que debo hacer.

Entonces me lo planteo hacer de forma cómica o alegre aunque más no sea, y no, que se me va la vaina, que muestro la hilacha, que las despedidas no me caen bien y que por más que yo sea la que decide irse, me entristece.

Y entonces pienso, bueno, que ya podré volver cuando quiera, bajo otro nombre, y otras estrellas. Pero no, nada me conforma, y menos cuando me paso dos horas hablando con mi hijo sobre la muerte, si existe o no el más allá, que la Kübler Ross y que nuestra amiga que murió y volvió de la muerte, que los mayas y los  católicos, que mi padre y su abuelo, que su padre y mi compañero de gran parte de … ¿de mi vida? De mi vida y la suya, de mis amores y los suyos, de los recuerdos de ambos, juntos y separados, yo despertándome, él acostándose, la  gata que ni una cosa ni la otra, y el sol pegando ya en algunas ventanas, sin pedir permiso, rompiendo la bella oscuridad de una casa que quiere seguir siendo nocturnamente silenciosa, y se va volviendo -gradualmente- se va volviendo amarilla, diurna, activa. La gata exige su comida, el estómago su desayuno, los automóviles  ser reconocidos por sus bocinazos y los perros, a puro ladrido, desean despertar a sus durmientes amos.

Comienza el ritual, preparo mi desayuno, comienza el ritual , tomo algunas fotografías, comienza el ritual , filmo unos segundos de algo que me asombra y largo con otro día más abriendo persianas, llenando con agua los bebederos de las plantas, y sacándome de entre los pasos – estaba  por escribir las piernas, pero queda feo- a la gata contenta y mimosa, porque logró su cometido, va a recibir su bocado.

Hecho todo eso, miro hacia el calendario , me calzo los anteojos y veo qué tengo para hoy, y comienzo a recordar mi ayer. De esa ecuación sale lo que haré mañana.

Abro los mails -es como saludar a los vecinos-, leo las noticias y púmbale nuevamente, el blog. ¿Para qué el blog? si me cansa lo virtual, me cansa el facebook, me cansan los mails, el skipe, los resúmenes de cuenta, las invitaciones a eventos. Me cansa, me agita y agota. Es como cuando era más joven y no soportaba el timbre del teléfono, así, algo parecido. Era ese timbre el que me sacaba de mi mundo y me movía a otra cosa, era ese bendito sonar que me deparaba una sorpresa, buena o mala, sorpresa, algo inesperado que vendría a modificar mi rumbo, y sin embargo, no podía dejar de atender, algo tan simple que le he visto hacer a la mayoría de mis amigos y que yo no podía. Si sonaba ¡DEBÍA atender! ¿Podría ser la muerte de alguien? Una vez mi hermana me dijo que le resultaba muy gracioso que en mis memorias del teléfono, el primer número que agendaba era el del médico, y era cierto, creía que todos lo hacían. Muchacha precavida vale por dos, pensaba, pero como yo soy gemela ya seríamos cuatro, y eso es mucho para este mundo tan vasto y sin embargo tan condensado demográficamente. No era por precaución, no, nunca fue mi fuerte, era más bien el sentido trágico de la vida, lo que me llevaba a tener  la memoria “0” ocupada por un médico. Siempre dispuesta para el dolor. Como un orden natural en mi vida.

No sé por qué termino hablando de esto, cuando mi idea era despedirme alegremente de los lectores anónimos ( nunca tuve tantos lectores anónimos) del blog, y dejar de tener que pensar en él como en Joaquín Baldín y su obra que todavía no fui a ver, como en Oscar Gimenez y su obra que tampoco fui a ver, como en Angie Urondo y su muestra que menos que tampoco  fui a ver, el orden es estrictamente proporcional, así como más se separa el día de la invitación del día en el que paso sin ir, así crece mi malestar por no haber ido.

En fin, que ya está mi desayuno servido y que como le dije a Balta hace un rato, la vida y la muerte, no se razonan, se pasan: no hay otra.

Salud y gracias a todos, un merecido puesto de honor a Mariluz, lectora que siguió participando activamente cuando los demás lectores se hicieron anónimos y sólo los podía detectar la estadística, porque gracias a ellas, les confieso, me daba cuenta que no estaba escribiendo para una sola persona! Y como dijo una vez , en agosto de 2005, Emilio Garrido en su programa la Bañera de Ulises, por Radio Nacional de España, radio 3, Diana se va, pero a continuación agregó pero volverá, ya verás como siempre vuelve.

Y tenía razón.

(por si a alguien preguntara hacia donde voy, la respuesta es A la vuelta, pero se lo cuento mejor en este video, eso sí, tienen que tener paciencia y esperar dos minutos, poco más , au revoir!)

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La maga: Mirta Colángelo

Y sí, sin dudas. Mirta es la mujer más maga, maja, alada (aunque ande ahora con su bastón) que he conocido.

Con sus libritos en la cabeza hace años, su susurrador ahora, sus mails siempre escritos en violeta, lleva la poesía a flor de piel. Siempre tiene una guardada bajo esas mangas que cubren sus alas. Siempre la caricia y el abrazo listos para arrullar a los demás, poetas, artistas, pibes o taxistas que necesitan un consuelo en forma de poesía.

Esta vez le fallé. Me invitó al homenaje que le hacían en la 37 feria del Libro de Buenos Aires, y le fallé. Y no hay nada que me duela más en este fin de semana trágico que tuve que haberle fallado a ella. A la maga. Mejor dicho sí, fue haberme perdido su homenaje. Porque ella seguro seguro, lo disfrutó como nunca.

Les dejo aquí dos links, uno a esa sala colmada y  la osadía de Mirta de sentarse al borde del escenario, para hablar con voz cautivante y profunda , de paloma que recorrió mucho cielo.El otro , más íntimo a la Bahía del Susurro…un blog de Bahía Blanca, lugar donde reside la maga, y el grupo de susurrantes que ella formó.

http://labahiadelsusurro.blogspot.com/2010/09/y-fue-esa-edadllego-la-pesiaa-buscarme.html

http://blog.el-libro.org.ar/2011/05/01/los-cuentacuentos-ya-recorren-los-pasillos-de-la-feria/

Les dejo también,  la poesía que me mandó y que le pedí me susurre a través de su tubo mágico, ella no usa varita, no, usa un susurrador que va de su boca al oído de quien quiera escucharla, de quien tenga la fortuna de cruzarse en su camino con esta mujer que huele a libro , que dispara proyectos, que ennoblece la vida.

Entrañable Mirta:

Mil perdones por no haber podido ir a abrazarte, ni escuchar de tu boca el poema de La gran Juana, como escribiste en el asunto. Seguro, seguro, era de color violeta.

Que haría yo sin tus flores
que haría yo sin esta permanencia
de tu gesto y tu lugar
Que haría yo si debiera pensar
en pérdida, olvido y sobre todo final
Que haría yo si no tuviera
la certidumbre de tu memoria.

Juana Bignozzi

Gracias por Tu palomar que no pude aprovechar!

Diana

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Hoy se casa Cate

-¿Quién? – pregunté mirándole a los labios. Mi tía a veces pronuncia de forma distinta al resto de la gente que conozco – ¿Quién se casa?

-La Cate… Queit, no sé cómo se dice- dijo . Recogió el diario del rellano de la escalera y lo levantó un poquito , así, como para indicarme que iría a leerlo.

Cerré la puerta pensando que mi tía está vieja, pobre, a veces delira…¿Quién conoce a la mina esa? ¿De dónde vendría el parentesco que no me acordaba para nada de ese nombre que ella pronunció con tanta familiaridad? ¿Sería con Ka? ¿La Keit? ¿ la Kate? En fin, ya caería en la cuenta de quién era la afortunada o desdichada ,según por dónde se le mire, que se casaba hoy, pensé y continué con los menesteres que una tiene que hacer a la mañana, sobre todo si vive con un adolescente, que por más empeño que le ponga a la cosa, siempre va a dejar un rastro de su existencia, como los caracoles, vaya donde vaya.

Acomodé sus apuntes, ¡Mmmm!…qué interesante!- me dije pegándole una ojeada al que estaba prolijito, recién traído del nocturno: Breve descripción de los orígenes del capitalismo. -A ver que más tiene acá- como no podía ser de otro modo seguí revisando, total, estaba tirado todo, jamás se daría cuenta que le revisé nada, Crisis del Feudalismo.- Ahá, -pensé- bien bien, la nobleza estaba conformada por un grupo muy reducido de personas.…mmmmj…ellos eran duques, marqueses…mmmmj…la condición de noble era otorgada por el rey como un pago por los servicios prestados o se adquiría por herencia…ahá…muy bien…la vida de los campesinos estaba ligada al trabajo…-ahjshit! tengo que ir ya, la reunión era a las nueve! Les voy a escribir un mail que llego más tarde- me ordené a mí misma corriendo por la casa y largando los apuntes cerca del lugar de donde los recogí. Jamás se daría cuenta que se los ojeé.Vistiéndome con lo primero que encontré, prendí la computadora, fui a yajúpuntoes y de pronto un titular inmenso me saluda: ASÍ ES EL VESTIDO DE KATE , y veo una cola laaaaaaarga sobre una alfombra roja, sigo leyendo más abajo: de plebeya a princesa, y un poco más arriba en letras blancas y pequeñas también sobre fondo rojo : decenas de miles de personas se manifiestan desafiando al régimen sirio en el ‘viernes de la ira’, convocada por los jóvenes en solidaridad con la ciudad de…-esta campesina sigue con sus premoniciones, ojalá no me quemen por bruja- pensé mirando el estuche de La Novia Siria sobre la mesa.

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Hoy no le temo a la muerte

Hubo muchas cosas buenas hoy.

Primero la lluvia después el sol.

Hermana sol y hermano luno, dije yo en alemán.

Santa Francisca?, preguntó.

Mejor Paca. Paca paca.

Hablar con él , la luz baja de la cocina.

Los 100.000 poetas reunidos por una causa, aunque sea perdida, nunca se sabe.

Y este tema de la Portuaria con Byrne en el muro de Ernesto.

Voilá!

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su remera

Yo no sé si él sabe. No lo sé.

Si habrá leído, si le habrán contado, si habrá visto.

Lo único que sé , es que de chico,  le colgué un afiche en la pared de su habitación que decía: “Mi sangre no fue derramada para que yo aquí colgado esté”. Un poster, como le decíamos antes, que perteneció a mi hermano en los años 70.

Y algunas preguntas y algunas respuestas, nada más.

Pero cuando hoy lo vi irse con la remera esa, me dio un vuelco el corazón.

¿Sabrá que hoy fueron sentenciados a prisión perpetua en cárcel común varios de los más peligrosos “actores” de la  dictadura argentina?¿ O sólo fue por casualidad que se puso esa remera?

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/subnotas/20-53065-2011-04-14.html

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Jules, Jim y la tragedia del Nido vacío

Hay días, noches, madrugadas como esta, en las que me pregunto por qué me reconozco tanto en los franceses y sus películas. Si no nací en Francia. Sólo mi madre tenía en sus ancestros algo de esa sangre .Pero nunca supo bien de dónde. Ni cuántos la precedieron o deformaron, hasta llegar a Talavera de la Reina cruzándose con Buenos Aires. ¿El tango? ¿Las películas que nos llevaba a ver de chicas en el SHA, la cinemateca hebraica y su cine arte, cuando tenía un gato negro y no  vallas de cemento porque aun no habían explotado bombas en la AMIA ?

Es extraño el devenir, muy extraño. Mamá siempre hablaba de mí como una trágica. Y yo me reía y le preguntaba por qué. Jamás me respondió.

Hoy, mientras esperaba que se subiera mi último experimento audiovisual que comenzó llamándose Despertar o Desayuno y terminó con el trágico nombre de Nido Vacío, me puse a ver una película en la televisión pública, en el único televisor de los tres que hay en esta casa, que además sólo engancha un canal. El siete. El canal del estado. La televisión pública. A veces es canal Encuentro. Y yo encontré una película francesa, de Truffaut, de 1962, el año en que me engendraron, en el televisor blanco y negro. Jules et Jim. La historia de un amor que no sé si todo el mundo aceptaría, entendería. Yo sí. Jeanne Moreau y dos actorazos. Nada más que eso. La gata dormía como en la Cinemateca .La hora pasó y pasó otra más. La vi entera, me conmovió su belleza y su tragedia. Hermoso amor.

Terminó. El corto ya se había subido a youtube. Acá está. ¿Seré trágica? ¿O francesa?

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fiebre

No hay nada como el estado que provoca la fiebre, cuando todo el cuerpo se prepara para sacar los intrusos, como diría Mori Ponsowy: Enemigos afuera.

En mí , genera un estado de ligereza, de burbujeo de vivir, de estulticia que me hace hacer cosas y decir otras , que en mi estado normal,  de temperatura corporal de treinta y cinco grados constantes, presión de 6-11 y latidos imperceptibles, casi como Walt Disney,no  me confronta a situaciones tan extrañas.

Fíjensé ustedes lo que me aconteció hoy. Desperté de un sueño de lo más estético, en un lugar que se podría ubicar en el siglo XXI o XXII , donde las revoluciones y las bombas que cortan la electricidad estaban a la orden del día- supongo que habrá tenido que ver una conversación mantenida anoche con una amiga de Nueva York en la cual hablamos de ese tipo de bombas que nuestros hijos ya conocían- pero en mi sueño había una mezcla con el romanticismo y el erotismo de la época Victoriana, en una civilización que se podría situar en la Grecia Antigua, o mejor aún de la India, ya que los ropajes que usában , los protagonistas de mi sueño, eran parecidos a los de las mil y una noches.

El decorado que elegí para mi sueño,  ¿será que uno es el que selecciona entre varios sets?, era espléndido,  lleno de magia y calles tomadas, ferias ambulantes y vecinos arropados así, a la vieja usanza india. Los saris, las pahsminas, el anaranjado, los perfumes y los adornos en el pelo y accesorios eran de los más vistosos.

Las circunstancias no lo eran tanto, había estudiantes -cuando no- encendiendo enormes piras  frente a lo que podría ser una acrópolis, un senado, o vaya a saber qué. Para mí era la universidad de Buenos Aires, la UBA, en medio de un descampado que se podía visualizar desde la casa de mi padre y mi madre, ambos vivos. Nosotros pertenecíamos a una familia tipo Montesco y mi amado a la de los Capulleto, así pues que yo suspiraba por él y él por mí, pero como en la película de Romeo y Julieta, no la de Zeffirelli, sino la de Baz Luhurman…una de mis preferidas el amor no nos era fácil . Cuando hay familia de por medio, todo se pudre.

En ese estado de belleza inconsciente me desperté por el cambio de marquesinas que propuso Macri, el intendente de nuestra ciudad…los golpes y las sierras me ponen de mal humor, pero todavía naufragaba en mi sueño, cuando noté que la fiebre me había dejado más que húmeda, empapada, cosa muy buena para la desintoxicación, según Hanneman; me enchufé el Mercurius Solubilis para continuar con mi curación y me preparé un baño de inmersión como hacía meses no me doy, debido a la escazes de agua mundialmente conocida.

En eso que estoy a punto de sumergirme en mi agua sulphurosa con una pastilla que me traje de mi estadía en Munich y que guardaba celosamente para este tipo de ocasiones especiales, toca el timbre mi tía Darinka, que luego de descargar su angustia , se dispuso a enseñarme cómo  cocina un arroz con pollo que le había comprado ayer, en un supermercado de lo más barato que encontré, cuando debí levantarme de mi guardar cama, para ir a sellar la libreta de Asignación Universal por hijo, que da el estado argentino, y que como Balta esta vez se pasó a un bachillerato Popular y cooperativo, que no encaja con los códigos de público ni privado, sino que como su nombre lo indica es cooperativo, esta vez , les decía, parece que no me toca, y saben por qué, porque no hay código para encasillar ese bachiller, sin código, por más que el chico estudie y sea revisado anualmente por un doctor público, no hay tu tía.

O sea , tía hay, tía hubo, quien no sólo me explicó cómo hacer un arroz con pollo a su manera, que me encanta, ya que la tradición familiar se basa en una pizzería y varios restaurantes, donde trabajaba toda la familia desde que vivieron de Trieste en un barco de inmigrantes , allá por el año 1935 y nunca más se fueron, decía, no sólo me explicó con sus hermosas manos cómo troza el pollo, cuánto aceite pone, etc etc, sino que me proveyó de elementos básicos de cualquier cocina que se precie, como es la mía, ya que creo que no cocinaba desde noviembre del año pasado, que fue el cumpleaños de mi hijo y se me ocurrió hacerle una comida con salmón para la cuál gasté fortunas y que obviamente , no era lo que él quería.

Con esto quiero decir, que solo bajo los efectos soporíferos de la fiebre, diríamos casi opiáceos, me dispuse a cocinar como no lo hacía desde hace mucho tiempo atrás, cuando descubrí que hiciera lo que hiciera,  iba a parar a una bolsa especial para la gente que hurga en la basura,  para alimentar a sus críos y no robar, como es costumbre de unos cuantos, ya sea con guante blanco o con las garras del hambre, que a mi entender, son las dos completamente iguales.

Bueno, al salir de mi baño un poco más oxigenada, sin tanta tos , pero con más mambo que antes debido al efecto de las sales y el agua caliente, me dispuse a cocinar, cacé el gorro de Baltasar, su delantal, que ya le queda chico, y con cuchilla en una mano y cigarro en la otra, me entregué a las delicias de sentirme una ama de casa de esas de los años cincuenta, cuya única salida de esta rutinaria vida, bien lo dijo una poeta estadounidense, de la que no recuerdo su nombre , era el suicidio.

Hoy, el más alejado a ese, era mi estado anímico, disfruté como una loca, no de hospicio, esos están más cuerdos que uno, como una loca de ver cómo el olor de la casa iba  impregnándose de ese aroma característico del pollo dorándose entre las cebollas y el ajo, y la oliva crujiendo para recibir en su seno el frescor del vino blanco, y las presas hábilmente cortadas por mi tía, con cuchillas afiladas por ella al comprobar el estado paupérrimo del filo de las de la casa, dorándose despacito, entre las hierbas que me traje del último viaje, y el tomate largando su jugo como entregándose a la pasión arrolladora del caldo que lo consumía rápidamente.

Ah..qué hermoso el entrar a una casa y oler a comida…aunque yo no salí para nada debido a mi estado, veía a la gata rondar inútilmente entre mis pies, en busca quizá de un mimo, más me juego entera, que más que un mimo quería ver qué cosa fantástica se estaba desarrollando en esa cocina diariamente yerma, donde sólo los frascos con distintas semillas y frutos secos, gérmenes y salvados, pueblan la mañana, mientras que a la tarde lo hacen unas frutas o membrillos, mate y quesos, o pan integral. Qué poca gracia para vivir, no? Dirán muchos, pero a mí me encanta esa comida, y como a Balta le encanta la chatarra, en esta casa la cocina se usa muy poco, diría yo que más se usa la mesa para soportar libros y notebooks, que para sentarse a tomar un buen desayuno.

En fin, mis pobres lectores, hoy no hay mucho para contar, aunque haya habido mucho para escribir, sólo decirles que estoy feliz de haber vuelto a cocinar, y embriagarme con esos olores y sabores. Aunque después, mi almuerzo haya sido como siempre, frugal y solitario, pensando en cómo haría para retomar el sueño que tuve , no bien me meta en la cama con sábanas recién puestas para la siesta de la tarde, después de mi cigarrillo.

¿O acaso una ama de casa no tiene derecho a descansar para olvidar penas de amor, aunque sólo sean oníricas?

(Para que no crean que todo esto fue una patraña para escribir algo y llenar con otra mancha más el tigre de la virtualidad, les subo fotos de lo realizado hoy por mí, el que quiera venir, antes de que despierte mi hijo, está invitado)… Tarde, ya despertó.

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